Amanda es una feliz soltera que vive en la vieja casa familiar cerca de Essex. Disfruta de su extensa familia y es la tía preferida de sus dieciocho sobrinas y sobrinos y disfruta especialmente de las dos nietas de su hermana gemela.
Comenzó a escribir novelas románticas cuando dejó su trabajo en la biblioteca. Un colega le dijo que escribiera una novela romántica y se animó. Aunque sus dos primeros manuscritos fueron rechazados, el tercero fue aceptado y desde entonces no ha parado.
Además de escribir pasa mucho tiempo averiguando su árbol genealógico. Esto la ha llevado a descubrir parientes en los Estados Unidos y Canadá, y recientemente estos familiares han visitado Inglaterra. Está a punto de sumergirse en el mundo de Internet para hacer más descubrimientos.
El poco tiempo que le sobra lo dedica a hacer punto de cruz. Le satisface muchísimo terminarlo y verlo colgado finalmente en la pared.
1.- Traiciones del Destino
Pierce Martineau se casó con Alix por conveniencia y al día siguiente la rechazó. Ahora, cinco años después, Pierce estaba de regreso con la misma actitud exigente y Alix, para ayudar a sus padres, debería casarse de nuevo con él. Sin embargo, esta vez las cosas eran diferentes, pues si antes Alix lo amaba, ahora lo detestaba...
No había un hombre en el mundo a quien Alix odiara tanto como a Pierce. La había seducido cuando era una jovencita inexperta, y se había servido de ella para vengar una afrenta familiar. Cuando el destino lo volvió a poner en su camino. Alix era una mujer perfectamente capaz de defenderse. Sólo había un problema: la atracción que de forma irrefrenable la empujaba hacia su peor enemgio.
2.- A Solas Contigo
Paige era una mujer demasiado leal para su propio bien. Y por proteger a su prima, Travis McKenna la consideraba una estafadora. Sin embargo, a ella no le importaba lo que pensara, con tal de que dejara de perseguirla.
Todo iba bien hasta que Paige se encontró viajando en una ligera avioneta con un pasajero más… Travis McKenna. No sospechaba que poco tiempo después estaría feliz de que él estuviera a su lado.
Quinn Mannion no tenía ninguna duda de que Laura Maclane era una oportunista sin escrúpulos. ¿Qué otro motivo habría explicado que su anciano padrino hubiera decidido legar una fortuna en su testamento a una mujer joven y atractiva como ella...?
Laura nunca había querido el dinero de Alexander Harrington... ¡sino sólo llegar a conocer al padre que nunca había tenido! Como por desgracia Alexander había fallecido, ¿quién habría podido creer que era su hija? Quinn no, desde luego. Disgustada por su actitud, Laura no pudo evitar representar el papel de amante que él le había atribuido. Y ese fue el problema. Aunque Quinn la despreciaba... ¡resultaba cada vez más claro que estaba dispuesto a recibirla con los brazos abiertos en su cama!
Me los llevo

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